domingo, 19 de junio de 2011

En prisión preventiva.

     Castigado. Qué triste, en realidad mi situación resulta muy cómica. Me paso la tarde entera asomado a la ventana, viendo el vuelo de los vencejos. Qué pájaros tan estúpidos, no paran de  círculos. Tres se han chocado contra el cristal de mi ventana, ya que mi edificio tiene forma de V, y mi ventana está en un punto estratégico. A mí padre le ha dado una extraña obsesión por los compositores asiáticos. Ahí estaba yo, viendo como las nubes bajas aparecían a mi izquierda, y barrían la ciudad, hacia el norte. Me han chafado la puesta de sol, pero, junto a los acordes de un piano de cola acompañado de un cello, y el aleteo de los vencejos, le han dado un toque mágico al día.

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     Por otra parte, mi madre me ha obligado a hacer ``limpieza de papeles´´. Esto significa más o menos desprenderse de folios, partituras, y por lo general, bastantes recuerdos. Odio hacerlo, sobre todo porque me cuesta mucho. Si no lo hago, mi madre aprovechará mi viaje a Granada o Francia, para tirarme todo, sin previa selección, como hizo hace 2 años. Todavía no se lo he perdonado. Ahora tengo una caja de pastas francesas del Mont Saint-Michelle, donde guardo lo más importante.
     También tenemos mi extraña obsesión por una canción, de un anuncio. Tras haber logrado coger el ordenador, he buscado, y bueno, aquí está el resultado. No me puede gustar más.
   

Maldigamos pues, a las larvas de mosca, a la palabra miriñaque, a los exámenes de Marcos, y el sentimiento de añoranza de las canciones celtas.
Necesito volver a Edimburgo.

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