sábado, 24 de noviembre de 2012

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Después de todo lo sucedido anoche, puedo decir con total seguridad, que he perdido toda ilusión
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sábado, 17 de noviembre de 2012

Violeta

Nunca antes había visto burla semejante hacia quienes se han dejado la piel, pasado años ensayando, practicando, reinventando la música. ¿Cómo un vibrato tan imperfecto e improvisado, tan natural como la luz anaranjada de la habitación, iba a capaz de erizar la piel, y evadir del mismísimo caos? No entraba en mis posibilidades entender que alguien ajeno a la enseñanza musical pudiera lograrlo, todo aquello en una lengua inentendible. No en un inglés imperfecto, sino el lenguaje preciso para conseguir los que muchos llevamos años  intentando.                                                                                                                       

jueves, 15 de noviembre de 2012

¿Hasta qué hemos llegado?

Cuando el corazón se para, después de un punzante dolor, dices adiós a tu existencia. Provocas lágrimas y dolor a tu alrededor, remordimientos a tus seres cercanos, y siembras al paso de tu interte cuerpo fantasmas del pasado, qué habría pasado si... A los cinco minutos un ``Descansa en paz´´ ya es publicado en twitter, y lo máximo a lo que aspiras después de toda una vida es a una esquela en el periódico y a algo más de 50 Retwitts. Ponerle número a una vida, calificarla, tener presente durante unos días, y pasar al olvido como uno de los poco más de 7.000.000.000 de habitantes que vivieron en esa milésima de vida de un planeta, de un rincón de una galaxia, de uno de los infinitos universos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

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      Sólo recuerdo que me quedaban 10 euros, y 6 tickets de metro. Teníamos que ir siempre con un profesor, así que en aquella tarde, donde en pleno marzo la luz se había tornado cálidamente otoñal, aprovechando un rato libre destinado a comprar, me separé del resto del grupo y me dejé guiar por mi mapa repleto de marcas. Con los cascos puestos y Yann Tiersen de fondo, corrí, me adentré en aquel laberinto de gargantas y escaleras mecánicas, el suburbano de París. Destino tras destino, proceso en el cual llegué a sentirme parte de aquella ciudad, veía cómo se iban consumiendo los tickets, me compré un croissant en La Gare De L´Est, miré bajo el fotomatón, reboté piedras, interactué con la ciudad, recogí pétalos de un cerezo (que aún conservo), y me sentí completamente sólo, pero a la vez pieza clave en aquel entramado tan caótico, exótico, y por qué no decirlo, morboso.