martes, 1 de noviembre de 2011

Laroles.

  Que ahora las cosas me van mal no es ninguna novedad,  no me crea ninguna barrera, tan sólo me hunde en mis ratos libres, los cuales, por fortuna, no abundan. Tampoco ha impedido que haya llorado de felicidad. Habría que retroceder 3 días para comprenderlo.
    Situación: Viajo en  un coche con techo de cristal, puesta de sol, nubes grises, las ventanillas de la parte delantera abiertas de par en par, un viento bastante intenso en la parte trasera, y dos compañeras de viaje. Sí, creo que fue entonces cuando decidí cortarme el pelo, y no ha salido muy bien la cosa... Y ahí, en el asiento del copiloto, una mujer con el brazo sacado por la ventanilla, mientras las serpenteantes curvas parecían querer privarnos de las vistas del este, donde un rojo intenso le quitaba protagonismo a las amenazantes nubes. Una mujer, de cuarenta y pocos años, con la música a todo volumen, haciendo juegos de manos con la luna, creciente. Creo que fui cómplice de su felicidad, miré al retrovisor izquiero, y pude ver su sonrisa maravillosa. Nunca me había imaginado a alguien de esa edad haciendo cosas tan propias que asigno a mi persona. Esa misma mujer ha recorrido muchos más kilómetros que el resto de ocupantes del coche juntos. Esa misma mujer, que víctima de su inoportuna apendicitis, había podido contemplar el interior de un hospital ruso, justo cuando se disponía a embarcarse en el Transiberiano, el sueño de su luna de miel, con un marido, que había saltado los muros del hospital de una Rusia  aún comunista. Y de fondo, con una calidad exquisita de audio, en un coche que no parecía que se estuviese moviendo, Silvio Rodriguez.
   Se me saltaron las lágrimas, y me quedé embobado, viendo la facilidad con la que esa mujer jugaba con el tiempo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Eurorquesta 2011

``
No sé por dónde empezar. Ha sido demasiado seguido, demasiado intenso, sin ningún respiro. Cambios bruscos de temperaturas, cambios de compañías, aún no me había despedido de Granada, no me había olvidado del maldito belga y sus ojos, de Teresa y su trencita, y del resto del mundo, cuya compañía necesitaba como nunca. No me había secado aún las lágrimas, y me dí cuenta de que estaba metido en un autocar, viajando hacia el norte. Qué curioso es viajar en autocar tantas horas seguidas. Al final uno termina acostumbrandose, y hasta llega a pensar que podría viajar hasta Bélgica sin hacer ninguna parada. Pero no, me iba a quedar corto, y me quedaba en Francia. Qué hermoso es cerrar los ojos al atardecer, contemplar una Castilla llana y amarilla, abrazarte, abrir los ojos, y contemplar el amanecer entre las montañas y el verde del País Vasco. He de reconocer que me he enamorado de aquel lugar, ví San Sebastian a lo lejos y casi muero de impotencia al ver que no parábamos, que nos saltábamos la salida de la autopista de pago, y seguíamos con nuestro pausado ritmo, hacia la frontera. Malditas películas y malditos altavoces que no nos dejaban dormir. Bueno, da igual, mientras sepamos sacar provecho a la situación...
Han sido dos semanas, han parecido dos días largos, aquella habitación, la 315. Esas pobres paredes, ¿qué no habrán visto ya? Locura, pasión, amor, muchas horas, noches, grandes momentos, cartas, tótem, y bueno, montañas de mierda que nos iban a terminar por sepultar. Levantarse cada mañana, abrir los ojos, y comprobar que no, que no había pasado toda la noche abrazado a una almohada. Eras tú, nos dábamos los buenos días, ¿cómo iban a ser malos? y abrías esos ojos, esos malditos ojos. Y cómo no, vagueábamos, por supuesto. Creo recordad que sólo bajé a 5 desayunos, en mayor parte por tu culpa. Al fin y al cabo, siempre terminábamos igual, con los gritos de Eliana, las prisas, los pelancos, las sábanas pegadas, al final siempre te ponías mi sudadera azul, cogíamos algo de comida de nuestras provisiones cada vez más escasas, y corríamos, más de una vez bajo la lluvia. Nos entraba flojera y nos reíamos sin parar, hacíamos carreras por las escaleras. Hacíamos el tonto, gritábamos cosas típicamente rusas cuando pasábamos por la segunda planta, y mejicanas por la primera. Valerie y su ojo rebelde rondaba por allí casi siempre. Salíamos, y recorríamos el pasillo de madera, el resto del campus, y salíamos a la calle. De paso veíamos a nuestro amigo, el perro de la casa de la esquina. Y entrábamos a la sala polivalente del pueblo. Qué lugar. Cuántas risas y burlas, todo hay que reconocerlo, se habrán producido allí. ``Molto tenutto´´ ``It´s so lazy´´ ``I don´t understand anything´´ ``Numer eight alto!´´``Voy a hablar en español para que me entienda tó ´r mundo´´ ``Thank you very much orchestra´´. Y es que no se me olvidarán las constantes miradas. Creo que fue allí donde me empecé a obsesionar con el maldito cello. Bah, cada vez les busco de más lejos. Polonia, ahora me río, pero allí lloraba de impotencia. Hay que ser gilipollas. Entré en razón, y sólo tenía miradas para tí. Me descojonaba con la Ucraniana que se parecía a Uma Thurman, con sus caras en el solo de corno inglés, me descojonaba con Marcos contando las veces que Boris decía su ya famosa frase, con mis compañeras polacas, cada vez que les tiraba todas las partituras, y dejaba más que clara mi escasa agilidad, cada vez que me mirabas y nos reíamos cómplices de la situación, o simplemente cuando el borracho, cuyo nombre no recuerdo, (sí, el polaco ese), se te iba a caer encima, se quedaba dormido, o simplemente, nos reíamos del director de Málaga, al que tuviste que pedirle perdón forzosamente. Julia tenía algo mágico. No sé si sería el violín, la falta de sueño. el olor a alcohol del polaco que me aturdía, o no sé qué, pero aquella chica, tenía la facultad de parar el tiempo. En su sólo de la danza del fuego...
Todos los viajes en autocar a los puebluchos, la primera vez que vimos a la retaco, (qué graciosa, señor!), cuando Michael nos invitó a tomar Creppes, cuando entramos en una catedral, y el órgano sonaba en todo su esplendor. Tocatta, sí señor, pero ya estaba acabando. Qué momentazo el del cuarteto de cuerda. Nos propusimos hacerles feliz y así lo hicimos. Una boda, y un cuarteto que nadie había contratado apareció de la nada, en la puerta de la iglesia, mientras el cielo amenazante servía de fondo para el fotógrafo, quien se moría por inmortalizar el momento. El posterior agradecimiento de los novios. Las cómidas en los comedores sociales. La tarde de poesía y guitarreo con Bea. Explorando como un loco. El autobús del morbo, profanando iglesias y mantas de abuelas. La 326, jugando al totem sin parar, abarrotando iglesias, y poniendo a los franceses al compás, auténticos metrónomos humanos. Visitando ciudades increibles (Saintes *_*), corriendo al río, cogiendo bolsas para las cagadas de perro como recuerdo, analizando a los calorros franceses, viendo a Camelia Jordana en el comedor, tirando platos por accidente. ``Do- domingo?´´, hablando mongolo, intentando hablar inglés, intentando pedir un vaso de agua en una panadería. Y bueno, cómo no, nuestra excursión a aquel río, sacado de una película de Tim Burton. La cena en aquella pizzeria. Un lugar irrepetible, encantador, con la puesta de sol, las coca colas extragrandes, con la torre medieval al fondo. Nuestro amigo el gato, el cual nos persiguió , las colas de la comida, en la cual conocí a una malagueña muy muy simpática, a la cual le leí Russian Red en la cara, y veo que he acertado. Esos ensayos improvisados en el cuarto de baño. Ensayamos poco, vale, pero no sé cómo lo hicimos, que siempre despertamos a la pobre Ana. Escuchando la música de tu móvil, pobrando Cognac de 80º (juro que no volveré a hacerlo), huyendo de avispas o abejas, contemplando los campos de girasoles pacuchos, burlándonos de los cabezazos de una Bea demasiado cansada en el autocar. Y al final, relacionandonos con los polacos. Por favor, en inglés. Tocando en lugares hinóspitos, con acústicas de las que es mejor no hablar, lágrimas, bastantes, de alegría, y no de tanta alegría, fiestas, y sobre todo, música. Porque al fin y al cabo, si no fuese por ella, nada de esto me estaría pasando. Puede que me equivoque al decirlo. De hecho me equivoco, pero no me han demostrado lo contrario aún. Demasiados superficiales por el sur, y demasiadas personas por el norte. Quiero irrrrrrrrrrrrrrrrrme ya! Y no me refiero precisamente a Almería.
Jugando al lobo, peleándonos, abrazando, insultandonos, picándonos, tocando, ensayando, llorando, motivándonos, divirtiendonos, viviendo, madurando, experimentando, amando, en definitiva, viajando.´´


     Hoy hace dos meses que volvimos, y lo cierto es que parece que ha pasado una eternidad. Te fuiste el 1 de septiembre, llevo 48 días sin verte, y me restan 64.

martes, 4 de octubre de 2011

Situación actual:

Hoy es viernes. Sí, en pleno martes, ¿y? Hay excursión y no tengo que ir al instituto en todo lo que resta de semana. Acabo de llegar. Llevo 3 ibuprofenos, 1 amoxicilina, 1 pectox, y kilos de pus en las amígdalas. Me duele la cabeza, estoy de mal humor, tengo la autoestima por los suelos, voy medio drogado, no he pegado ojo en toda la noche, y ahora mismo no encuentro ningún motivo por el cual alegrarme. Conclusión: Octubre va a ser un mes de puta madre.

lunes, 26 de septiembre de 2011

:)

   Pero cómo te puede cambiar el día una simple canción, un simple videoclip. Y es que recuerdo perfectamente esa tarde libre. Todos dormían la siesta en el hotel, demasiadas horas de sueño acumuladas. ¿Y yo qué? A mí me quedaban aún tickets de metro, y batería en la cámara. Bueno, y energías para recorrer 5km. Y lo recuerdo perfectamente. Me bajé en Notre Dame, y allí, pregunté por el museo del Louvre. ``Continuez La Seine´´ Su puta madre. Pero qué pequeñas se ven las distancias en estos mapas. Tras media hora, me acerqué a una pareja sudamericana, que estaba en un puentecito, (0: 57)  que daba a un arco, con una gran cristalera. ¿Dónde está el Louvre?. - ¿Ves este arco? ¿Ves los dos arcos que hay a los laterales? Atraviésalos, tras un pasillo oscuro  saldrás a una plaza enorme,   pero no te dejes engañar. Al atravesarla habrá un segundo pasillo oscuro. Cuando veas la luz, seguramente saldrás corriendo. Lo recuerdo perfectamente. Me puse en marcha.Crucé el pasillo oscuro (01:58) Atravesé la plaza vacía corriendo (02:10), espanté unas cuantas palomas, (bueno, he de reconocerlo que le pegaba al momento, y quise alimentar mi alegría), y en el segundo  pasillo oscuro, había un flautista tocando el lago de los cisnes.(04:10) Podría oírlo de nuevo, con aquella reverberación tan propia de ese sitio. Y al final luz, deslumbrante. Y no fue hasta entonces, cuando visualicé la enorme pirámide de cristal, (04:47) y como bien me dijeron, eché a correr.


     Y hoy, justamente hoy, ha tenido que parar a mis manos este video. Justamente el mismo sitio, el mismo recorrido. ¿La diferencia? Fue grabado una semana más tarde. Para colmo, finalizan en el puente de las almas, donde se grabó una escena de Amelie, e hice cantidad de fotos.

  

lunes, 19 de septiembre de 2011

19/9

 Pero qué bonito tiene que ser volver a tu casa, por el mismo camino que siempre, andando cabizbajo, contando los chicles en cada losa, y percatarte, de que en ese cristal de la parada de autobús que normalmente está vacío, destaca un cartel enorme, reclamandote, como si de un desaparecido te tratases. ``Se le busca por su sonrisa´´
   Y son esos momentos los que te hacen sentir empatía, y llegas a entender por completo, el dolor de alguien que ha sido rechazado, y alguien, que le rechaza, seguramente por motivos más que de sobra, pero, dolido por dentro.

jueves, 1 de septiembre de 2011

"Los recuerdos son peores que las balas."

   ...y ahora, ahora es cuando tú estás a 700 km de distancia, construyendo unos nuevos pilares, una nueva vida, nuevas metas, nuevos lugares. ¿Y yo? Yo aquí, plantado en el mismo sitio que siempre. Héctor, nos hemos odiado durante años, y amado durante dos meses. Aún así, creo que la balanza está más que equilibrada. Ahora, me has dejado perdido. Jamás me había sentido así. Ayer, en cuanto me dí la vuelta, cuando fui cociente de que no te iba a ver más, al menos en estas condiciones, porque, aunque no queramos, la distancia y el tiempo son el olvido, me rompí en mil pedazos. Rompí a llorar, y no me atreví a girar la cabeza por miedo de que estuvieses ahí plantado, esperando verme desaparecer en el horizonte. Porque ha sido el verano más maravilloso de toda mi vida, y la mayor parte gracias a tí. Ahora mismo ando un poco perdido, espero recuperarme pronto. Lo único que me queda es el olor de ese perfume, que siempre me ha chiflado, una fotografía en mi cartera, y recuerdos, quizás demasiados como para olvidarlos algún día por completo. La única opción que me queda, el único camino es intentar pensar en otra cosa, pero no. Has significado demasiado para mí como para hacer eso. Maldita Zaragoza, maldito destino, y malditos seamos por habernos tenido tan cerca el uno del otro durante tanto tiempo, y no habernos percatado de nada hasta hace cosa de dos meses.
     No puedo hacer otra cosa que deshaogarme, escuchar esas canciones hasta la saciedad con sus letras, las cuales parecen estar hechas a mi medida, llorar a escondidas, intentando quitarme un peso de encima.
     Pero no, no es ningún peso, es un inmenso vacío el que has dejado.