Ahí estás, día tras día pasando las horas muertas con los cascos puestos y tus estúpidas canciones deprimentes, que te sumergen aún más en ese círculo sin salida. Esperas, simplemente esperas con todo tu optimismo, el poco que te queda, y esa mirada perdida que nunca te abandona, una simple señal de vida. Y cuando ocurre, te bloqueas, y decides esperar de nuevo aquel pitido, señal de que al menos, por un instante has sido el centro de su atención. Eres muy estúpido, ni siquiera se te ha ocurrido pensar que te están tomando el pelo y algún día se cansarán, y te destrozará, seguramente bajo tus ansias de esa alegría tonta que te invade cada vez que todo ocurre. Sigues sin hacerme caso, y terminarás destrozandote en esa silenciosa espera.
domingo, 5 de junio de 2011
jueves, 21 de abril de 2011
Cómoodionoserdelnoventaytres.com
Hasta ahora había considerado la atracción sexual y el amor sentimientos totalmente contradictorios. Bien, pues ahora eso ha cambiado. Por fortuna, o desgracia, según cómo se vea. Nunca antes me había pasado con nadie, seguramente será cosa de la primavera y del chute de hormonas, o de algún fenómeno con alguna estúpida explicación científica detrás. Lo único totalmente cierto es que no le conozco de nada, y cada vez que le veo, maldigo no estar en su clase, no conocerle de antes, no pertenecer a su mundo, no existir para él. Tan sólo intento no acordarme de sus ojos verdes, de esa mochila de la cual nunca se desprende, y simplemente rezo, por que ocurra algo demasiado improbable
lunes, 14 de febrero de 2011
Dos palabras
Es muy curioso comprobar en primera persona cómo unas cuantos signos unidos, formando dos palabras, pueden traer tantos quebraderos de cabeza. Creo que guardarlas en mi interior hace que me vaya pudriendo poco a poco, que no salga de este círculo sin salida, el miedo me corroe.
Pero siempre tiene que llegar la hora en la que la valentía asome su cabeza tímidamente, y consiga que su ejército se alce con la victoria.
Dos palabras, tan sólo dos, me separan de esta perra vida que llevo, a otra, con otros problemas que derivaran del acto de decirlas.
Dos palabras, y no son te quiero.
Pero siempre tiene que llegar la hora en la que la valentía asome su cabeza tímidamente, y consiga que su ejército se alce con la victoria.
Dos palabras, tan sólo dos, me separan de esta perra vida que llevo, a otra, con otros problemas que derivaran del acto de decirlas.
Dos palabras, y no son te quiero.
miércoles, 9 de febrero de 2011
La distancia hace los lazos mucho más fuertes.
Ayer vino mi hermana de Granada para quedarse conmigo en casa. Mis padres están de médicos por Barcelona, como de costumbre. Nunca me he llevado especialmente mal, ni especialmente bien con ella. Esta tarde, nada más terminar de comer hemos ido al paseo marítimo, a tomarnos un café mientras tomábamos el sol de invierno. Yo no suelo hablar de mis sentimientos, ni de mi manera de ver la vida, ni como la vivo, pero ha salido el tema. He podido comprobar, con bastante asombro, cómo mi hermana, que aperentemente se muestra feliz, me ha descrito sus últimos años viviendo sola, en un ático del casco antigüo con vistas a la Alhambra. Me ha relatado sus más íntimas historias, sus sentimientos más profundos. Me ha llegado a contar que el día en el que cumplió 20 años lo pasó realmente mal, que se ha dado cuenta de que el tiempo pasa, que cada vez lo hace más rápido, y que antes de que nos demos cuenta, estaremos muertos, el olvido nos invadirá a todos. Me ha dicho que sabe cómo me siento yo, que ha pasado por mi edad, qué pena que sólo comparta todas estas cosas con alguien que veo contados días al año.
martes, 8 de febrero de 2011
domingo, 30 de enero de 2011
La mesa se convirtió en escenario, el movil en micro, y la luna creciente en focos.
Anoche me pasó algo que me resultó bastante familiar.
Fui con mis amigos de hace unos años, a un local en el que ensayan con su banda. Siempre les había oído tocar por separado, como ``músicos´´ de los que abundan por todos lados. Pero ayer, en ese pequeño espacio, de apenas 10 m cuadrados, con los amplificadores al máximo, y la noche ya caída, sentí cómo los acordes menores de la melodía se colaban por cada rendija de mi ser, y me ablandaban por dentro.
Les miré, sí, tenían la misma cara de siempre, eran ellos, con quienes había pasado tantos momentos. Pero aquella vez, tenía la impresión de estar rodeado de seres superiores, que hacían que me estremeciera con cada nota. La verdad, es que sólo pude estar 10 minutos, por culpa de mi madre, pero de camino a mi casa, las notas resonaban en mi cabeza, y por un momento pensé que estaba andando por las calles de Tokio.
Fui con mis amigos de hace unos años, a un local en el que ensayan con su banda. Siempre les había oído tocar por separado, como ``músicos´´ de los que abundan por todos lados. Pero ayer, en ese pequeño espacio, de apenas 10 m cuadrados, con los amplificadores al máximo, y la noche ya caída, sentí cómo los acordes menores de la melodía se colaban por cada rendija de mi ser, y me ablandaban por dentro.
Les miré, sí, tenían la misma cara de siempre, eran ellos, con quienes había pasado tantos momentos. Pero aquella vez, tenía la impresión de estar rodeado de seres superiores, que hacían que me estremeciera con cada nota. La verdad, es que sólo pude estar 10 minutos, por culpa de mi madre, pero de camino a mi casa, las notas resonaban en mi cabeza, y por un momento pensé que estaba andando por las calles de Tokio.
lunes, 24 de enero de 2011
Como un gato bajo la lluvia
A veces, desde la segunda fila de la clase, miro a mi derecha, y veo a niños, un año mayor que yo, pero curiosamente los veo como niños. Jugando, mirando hacia otro lado, haciendo girar el bolígrafo con una mano, riendo a carcajadas... En esos momentos me da la impresión de ser yo, el único en el mundo que tiene sentimientos, el único que ha tenido que salir de su casa sin rumbo, para pensar, por mucho que llueva o haga frío, el único que llora viendo películas, el único que por las noches piensa en la muerte, el único que se preocupa por encontrar a alguien decente, el único que se alegra al saber que fuera llueve.. Todas las mañanas se repite la misma historia, me meto en mi papel de niño, hago alguna gracia ridícula, un par de carcajadas, y a mirar por la ventana. Paso todos los días por el puente, con mi bicicleta. La gente me mira raro, se preguntan qué llevaré colgando en la espalda. Esas horas, tras el instituto, son las que realmente merecen la pena, vagando como alguien sin alma, en busca de un aula libre, para simplemente tocar unas cuantas notas, algún acorde... En mi entorno nadie es capaz de comprender que eso, para mí eso es vivir.
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